Luego me llevaron en camilla a una sala en que estaba nevando, mamá tenía cuatro ojos y las enfermeras tenían helados. (o al menos eso me parecía a mí, que estaba un poco turuleto porque el jarabe era para atontarme un poco antes de la operación)
Entonces me dormí, dentro de un rato que a
mí me parecieron diez minutos me desperté.Le pregunté a mamá a ver si me
habían operado ya y resulta que si. No me dolió nada y lo bueno es que despues tuve regalitos:
Una pistolita con su balas, un dinosaurio a cuerda, un truco de magia y mis amigos los Castaño, un libro con piruleta incluída.
También me hizo mucha ilusión que me llamara mi amigo Javier y me contara lo que a él le habia pasado cuando le operaron.
Operarse no es divertido pero no me han hecho daño y con regalitos y amigos se pasa mejor.

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