domingo, 13 de abril de 2014

Una mañana en el hospital

El viernes tuve que madrugar mucho porque tenía que ir al médico a que me operaran de fimosis. No pude ni beber ni comer nada. Para dormirme me pusieron una crema y un jarabe asqueroso.
Luego me llevaron en camilla a una sala en que estaba nevando, mamá tenía cuatro ojos y las enfermeras tenían helados. (o al menos eso me parecía a mí, que estaba un poco turuleto porque el jarabe era para atontarme un poco antes de la operación)


Entonces me dormí, dentro de un rato que a mí me parecieron diez minutos me desperté.Le pregunté a mamá a ver si me habían operado ya y resulta que si.

No me dolió nada y lo bueno es que despues tuve regalitos:
Una pistolita con su balas, un dinosaurio a cuerda, un truco de magia y mis amigos los Castaño, un libro con piruleta incluída.

También me hizo mucha ilusión que me llamara mi amigo Javier y me contara lo que a él le habia pasado cuando le operaron.

Operarse no es divertido pero no me han hecho daño y con regalitos y amigos se pasa mejor.

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